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Efemérides

MEMORIA DE LOS ACTOS EXTRAORDINARIOS CELEBRADOS POR LA PRIMITIVA Y REAL HERMANDAD DE LA DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS, MARÍA SANTÍSIMA Y SANTA MARINA CON MOTIVO DEL TERCER CENTENARIO DE SU FUNDACIÓN Y PRIMERO DE SU VOTO ASUNCIONISTA

por Francisco Javier Segura Márquez, secretario auxiliar de la Comisión de Protocolo y relaciones institucionales

IV. TENSA ESPERA HASTA EL SUEÑO DEL MES DE SEPTIEMBRE

an sólo un día después llegaba el mes de junio, y con la cercanía del verano nada nos invitaba al descanso. Era el momento de establecer vínculos estrechos con diversas instituciones de la Ciudad aprovechando el telón de fondo que nuestra Exposición nos ofrecía. Dicho y hecho. El día once, a la temprana hora de las seis de la tarde, la Capilla de la Hermandad acogió el retiro de la Asociación Mujeres Cofrades de Sevilla, consistente en una eucaristía presidida por nuestro Director Espiritual y una conferencia por el mismo basada en la Eucaristía, rematando la jornada con una simpática merienda fraterna. La Asociación, presidida por Concepción García de Yoldi, entregó a la Hermandad su máxima distinción, la medalla enmarcada, como muestra de su eterno agradecimiento por el amable trato que siempre les dispensamos.


Dos días más tarde, se inauguró la esperada muestra titulada “Devoción y patrimonio”, cuyo comisariado estuvo a cargo del Licenciado Don José González Isidoro, hermano de nuestra Hermandad. En ella se había trazado mediante paneles informativos un interesante recorrido por la historia de la corporación y sus relaciones con la nobleza, la Iglesia, las Ordenes Religiosas y la sociedad sevillana a lo largo de sus tres siglos de existencia. Destacaban las piezas de siempre, complementadas por otras más desconocidas de igual valor documental o artístico, pero esa vez eran contempladas con rigor expositivo que hacía más fácil su admiración y estudio, ya que fueron colocadas en vitrinas cedidas especialmente para la ocasión por Servimuestra. La exposición recibió multiples visitas y halagos, publicándose en el Boletín de las Cofradías de Sevilla una crítica muy favorable de la misma.


Al final de la exposición que se clausuraba el veinticinco de junio se vivieron los momentos más importantes. Así, el día veinticuatro, jornada estelar, auténtico tricentenario de la advocación, por la mañana, recibimos la visita del Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo. El prelado recorrió las vitrinas haciendo preguntas diversas cuyas respuestas causaban en él gratísimas sorpresas. Por la tarde, se celebró una Eucaristía ante el altar expositor del cuadro primitivo oficiada por nuestro hermano Monseñor Giovanni Lanzafamme, en el transcurso de la cual fue bendecido un sombrero traído directamente de Sicilia por Monseñor para que lo luciera la Divina Pastora, y que donó conjuntamente con su madre Doña Concetta. En julio tocaba celebrar la Convivencia de Hermandades de Gloria del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad. Dicho evento, convocado para el día primero del mes, se inció con la celebración de la Eucaristía amenizada por el coro de campanilleros del Barrio de San Gil seguida de una mesa redonda, moderada por nuestra hermano Ramón de la Campa Carmona, donde, por parte de seis periodistas, se analizó la presencia en los medios de comunicación de las Hermandades de Gloria. Se remató la noche con un aperitivo a todos los asistentes al acto.


Con estos momentos anteriormente relatados se llegó al mes de agosto, a lo largo de cual se fueron perfilando los detalles para la magna visita de la Pastora a la Santa Iglesia Catedral, costumbre que no podía perderse en esta gran ocasión del Tricentenario de la Hermandad.

Para ello, la Comisión de Protocolo y Relaciones Institucionales nombrada por la Junta de Gobierno se enfrentó a la mastodóntica tarea de escribir una carta a todas las entidades sevillanas vinculadas con nosotros, ya fueran civiles o eclesiásticas. Este despliegue burocrático supuso la redacción de más de medio millar de cartas, de las que recibimos confirmación de al menos la quinta parte de las mismas. Digna de destacarse la atención prestada por las entidades deportivas, removidas quizá por el recuerdo del patronazgo que la Divina Pastora ejerce sobre ellos. Todas estas instituciones se convertían así en asistentes seguros al Pontifical que en la Catedral presidiría el Arzobispo en la mañana del veintiocho de septiembre, fecha ésta impuesta por la Secretaría Personal del prelado a causa de un viaje de S.E. coincidente con la fecha prevista anteriormente.


Se remataron también en estos días los detalles de la Comisión de Honor del III Centenario, prestándosele especial atención al Memorial que fue remitido a la Casa Real para la aceptación por parte de S.M. el Rey del cargo de Presidente Honorario de la Comisión de Honor, lo que el calificó por carta de innecesario al ya estar nombrado Hermano Mayor Honorario unos días antes de la salida. Se efectuaron diversas visitas a la S. I. Catedral para comprobar que todo el sistema preparado para el Pontifical transcurriría en perfecto orden, siendo recibidos amablemente, lo que la Hermandad agradeció regalando metopas a todo el personal del Cabildo Catedral. También contactó la Hermandad con la Corporación Municipal, enviando a todos los concejales información de sus actividades, pasos previos para la recepción de la Hermandad a las puertas de las Casas Consistoriales el mismo día de su procesión de gloria.


La actividad como se ve era imparable. En medio de ese trabajo, el día doce de septiembre se presentó el Boletín de las Cofradías de dicho mes que estaba especialmente dedicado a nuestra Hermandad y en el que habían colaborado muchos hermanos nuestros. Cada uno de estos recibió un cuadro recordatorio con el lienzo primitivo en imitación de azulejos que causó muy buen efecto. Tras esto, en el salón de usos múltiples de la vecina Hermandad de la Amargura se ofreció una copa fraterna que tras acabarse, nos devolvió al trabajo abandonado aquel día. Al mismo ritmo, rápido y sin darnos cuenta, llegó el siguiente acto, prólogo perfecto a todo lo que quedaba por vivir. El día 19, en la Sala Chicarreros, se celebró la Exaltación a la Divina Pastora, que estuvo a cargo de D. Fernando María Cano-Romero y Méndez, gran orador oriundo de Jerez de la Frontera. En sus palabras, acompañadas por la Banda de Música Nuestra Señora del Sol, se reflejó perfectamente la efemérides que estábamos celebrando, destacando una parte en que todas las flores coronaban a la Divina Pastora como su Reina.

El pregonero recibió el afecto y el aplauso de los presentes posteriormente también en una cena homenaje en el Hotel Catalonia Emperador Trajano donde recibió una metopa realizada en plata con base de mármol como recuerdo de su acertada intervención.

Y por fin, como ya ocurrió en Mayo, el Solemne Triduo preparatorio en nuestra capilla los días 23 a 25 de septiembre. Se celebró el Triduo con exposición del Santísimo predicando en él los siguientes: Monseñor Giovanni Lanzafamme, M.I. Monseñor D. José Luis Peinado Merchante y M.I. Sr. D. Juan Garrido Orta. El primer día, fecha en que la hermandad cumplía trescientos años, Monseñor Giovanni, inmerso en emoción, tras múltiples muestras de afecto y devoción, subió al camarín de la Divina Pastora para imponer en sus sienes la corona de oro y piedras que la Hermandad, ayudada por las donaciones de algunos hermanos, había encargado a los talleres de Orfebrería Andaluza. Digno principio de tantas vivencias que nos restaban por disfrutar aquella semana. La Virgen lucía a la espalda el sombrero que Monseñor y su madre, recientemente fallecida, habían regalado, lo que aumentó la sensibilidad del instante. El segundo día, se bendijo el detalle que faltaba a nuestro camarín: la paloma, símbolo del Espíritu Santo, que debía de ir suspendido de la cúpula, donada por nuestro hermano Gabriel Solís Carvajal. Y el tercer día se clausuraron los cultos con la Procesión Claustral por el recorrido tradicional.

Tras un día intermedio dedicado al montaje de las andas procesionales y la preparación de las insignias y los enseres para el traslado procesional de nuestra imagen a la Catedral, llegó la tarde del día 27, cuando a las siete y media de la tarde se abrieron las puertas de la capilla para la salida del cortejo. Fueron invitados a participar en la procesión los grupos jóvenes de la feligresía así como el de la Hermandad de la Asunción de Cantillana, que ocupó un lugar de privilegio en el cortejo. A la salida ocurrió un incidente con la diadema de la Virgen que no tuvo más consecuencias en ese momento. Los momentos más importantes se vivieron a la llegada del paso a la Alameda de Hércules, donde se celebró que en aquel lugar se presentara al mundo la devoción a la Divina Pastora. Para ello, se había preparado un escenario con rampa entre las dos columnas del frente norte, adonde subió el paso y donde estaba ya previamente el cuadro primitivo en lugar de privilegio. Allí subieron el Hermano Mayor, Monseñor Giovanni Lanzafamme, Fray Miguel de Cantillana y los dos niños vestidos de zagales reales que acompañaron el cortejo. Allí, Don Giovanni pronunció un animado fervorín recordando la conmemoración, otorgando al final la bendición con el cuadro primitivo. Momentos más tarde, se descubrió un azulejo conmemorativo realizado por Darío Fernández Parra, realizando una interpretación personal del cuadro primitivo en tonos pardos enmarcado por una orla en tonos azules con leyenda explicativa. Trajano, Plaza del Duque, Tetuán… Lentamente, nos acercábamos a la Catedral, y fue en esos momentos cuando se extendió el rumor de que S.E.R. Fray Carlos Amigo Vallejo había sido propuesto para ser nombrado Cardenal de la Santa Iglesia Católica. Con esa gozosa noticia, que aún no estaba confirmada oficialmente, la Pastora se internó en las naves catedralicias pasadas las once de la noche subiendo en la intimidad de los hermanos que acompañaron el cortejo hasta el altar de plata donde a la mañana siguiente se celebraría el Pontifical. Se trasladó entonces el Simpecado a la Catedral, que por accidente de su portador regresó desde la Alameda a nuestra capilla así como se colocaron los reposteros estrenados para la ocasión realizados por Don José Luis Asián Cano.

Todo estaba ya ultimado. La mañana gloriosa del domingo veintiocho se levantó triunfante. Todas las misas de la Catedral en esa mañana se oficiaron delante de la Divina Pastora. A partir de las once y media, fueron colocándose en los lugares previamente designados las representaciones que asistieron, ocupando lugares de honor la Duquesa de Osuna y la Marquesa de la Motilla junto a las juntas de gobierno de las Hermandades de la Pura y Limpia del Postigo y la Asunción de Cantillana, como ya se dijo Testigos de Honor del III Centenario.

La procesión litúrgica comenzó a las doce en punto desde la Sacristía de los Cálices del templo metropolitano y acompañó a la ceremonia la Coral Polifónica de la Santa Iglesia Catedral, dirigida por el maestro de capilla Don Herminio González Barrionuevo. La misa fue concelebrada por representantes de las Órdenes Jesuita, Capuchina y Franciscana, las tres más vinculadas con la Hermandad. También concelebraron Monseñor Giovanni Lanzafamme, Ernesto Muñoz y Cristóbal Figuero, los tres sacerdotes muy vinculados con la corporación.

Los momentos emocionantes no dejaron de sucederse, sobre todo tras la homilía acertada como siempre del Señor Arzobispo. Al fin de sus palabras, nuestro hermano Joaquín Moreno Gutiérrez ocupó el ambón para pronunciar el Voto Solemne de la Asunción de la Virgen, que ese año cumplía su primer centenario. Se unieron al juramento de la Hermandad representada en su Hermano Mayor los homónimos de las dos hermandades que ejercieron de Testigos de Honor.

Seguidamente la Archidiócesis de Sevilla, representada aquel día en la multitud de devotos que se habían congregado a los pies de la Divina Pastora, recibió por la voz del Vicario General la gozosa noticia de la elevación de Monseñor Amigo Vallejo a la dignidad de Cardenal de la Iglesia Católica. La Giralda irrumpió en repiques, en el órgano sonó el Himno del Vaticano, toda Sevilla se felicitaba de volver a ser Sede Cardenalicia y daba gracias a Dios arrodillada ante la Divina Pastora. Difícil será olvidar aquellos momentos. La liturgia detenida, el Cardenal recibiendo los parabienes de todos, lágrimas de emoción en todos los ojos presentes. Al poco tiempo, continuó la ceremonia como estaba previsto con las ofrendas, en los que la Hermandad ofreció un juego completo de ornamentos para el servicio de las nuevas parroquias. En la procesión participaron los dos zagales que acompañaron a la Virgen hacia la Catedral, lo que provocó simpáticas escenas cuando se acercaron al Prelado.

Pasadas las dos menos cuarto de la tarde terminó el Pontifical con la llegada casi imposible de la procesión a la sacristía dada la cantidad de personas que se acercaban a felicitar al Cardenal por su nombramiento. La Hermandad se dirigió al Colegio de San José de la Montaña donde se celebró un aperitivo para llenar así las horas de tensa espera hasta la salida triunfal de la Virgen de regreso a la capilla.

A las nueve de la noche comenzó dicho recorrido. Una veintena de hermandades nos acompañaron hasta la Plaza Nueva, destacando especialmente la presencia de los hermanos y hermanas de la Asunción de Cantillana, cuyo Coro esperó a la Virgen en la plaza Nueva para entonar dos coplas de su repertorio dedicadas a la Gloriosa Asunción de la Virgen. Pero antes hay que destacar una visión: la Avenida de la Constitución absolutamente llena de público para presenciar la salida y que aplaudió fervientemente cuando el Simpecado, a los sones del Himno de España como es preceptivo en nuestra Hermandad atravesara la Puerta de San Miguel. Entre las insignias de la Hermandad se intercalaron los estandartes invitados, saliendo la Virgen y recorriendo con trabajo el trayecto hasta la Plaza Nueva.

Allí la esperaba la Corporación Municipal con una ofrenda floral y una petalada que arrojaron hermanos de la hermandad desde el balcón principal del Ayuntamiento. A la llegada y antes de la ofrenda floral el coro de la Hermandad de la Asunción, como hemos dicho, dirigido por Rafael Bermúdez Medina, entonó dos hermosas piezas de carácter mariano. Tras ello, por la calle Tetuán, alcanzó la capilla de la calle Jovellanos, siendo saludada por los miembros de la Orden Franciscana que regentan el templo. Siguió por Sierpes y calle Cuna, deteniéndose también a las puertas de la casa de la Marquesa de la Motilla, que efectuó una llamada al paso. Siguió la Hermandad por las calles Laraña y Arguijo, visitando seguidamente los hospitales de la Misericordia y del Pozo Santo, para arribar, cercana la una de la madrugada a las puertas de la capilla. Se vivieron difíciles instantes al tener problemas los costaleros de las últimas trabajadoras del paso, lo que provocó un aparatoso accidente en la diadema y el cayado de la Virgen, que fueron saneados aquella misma noche. Se entonó la Salve y los Gozos dando por concluida así otra etapa, quizá la más importante y esperada, del Tercer Centenario de la Hermandad.

I. PROEMIOS PARA UNA UNA FECHA ESPERADA

II. SE PRESENTARON LOS SÍMBOLOS DEL TRICENTENARIO

III. LA ESPERA OBLIGADA Y EL PRIMER SUEÑO CUMPLIDO: EL MES DE MAYO

V. LOS ÚLTIMOS RESCOLDOS DEL TERCER CENTENARIO
 

 
 
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